domingo, 29 de noviembre de 2015

SOLO SE NECESITAN DOS PARA TUMBAR UN DESAFÍO.

Marchadores,

No hay temporada corredora en la que no asistamos a alguna prueba de perfil desmedido, distancia de infarto y llegadas épicas. Este deporte nuestro se resume en dos palabras: esfuerzo y recompensa. Y, aunque la segunda palabra sea el verdadero resumen, y la satisfacción que nos aporta sea en tan breve espacio de tiempo, lo verdaderamente importante es la primera. Sin esfuerzo, sin coraje, sin agallas, sin sudor, sin constancia, esa segunda palabra no define nada de nada. Si alguna vez os atrevéis a afrontar la prueba a la que fuimos catapultados Jose y yo ayer, sabréis de lo que hablo.

Allá que nos presentamos Mozos y el que pica las teclas, ambos con las respectivas y Miquel, el viernes por la tarde en la bonita localidad de Finestrat. Pueblo esculpido al límite de las faldas del Puig Campana, sus casas casi colgantes nos recibían como una visión de lo que viviríamos al día siguiente. Recogida de dorsales en una planta baja poco acogedora para una gran prueba y vuelta al hotel en Benidorm para cenar y descansar. Previo a la cena salimos a dar una vuelta por el paseo en la bonita playa de Benidorm, donde Miquel nos preguntaba, casi acusando, que no entendía por qué íbamos en un sentido y luego volvíamos hacia atrás por el mismo sitio.


Tras cenar en un garito de primera línea de playa donde la ensalada de pollo prometía bastante, pero que a día de hoy seguimos buscando el pollo para cuatro, salimos hacia el hotel para preparar los trastos y descansar las horas que pudiéramos.

Madrugón de esos que hacen daño el sábado por la mañana, y carretera hacia Finestrat, donde, tras aparcar donde Cristo dio las tres voces nos dirigimos a la salida. Nos recibía una voz conocida, el hombre que pone los pelos de punta retransmitiendo las salidas de las pruebas corredoras más importantes del calendario nacional,...allí estaba Jaime, micro en mano, dando la bienvenida a los chelvanos, a ese par de locos que se iban a comer 40 kilómetros de piedras, senderos, bosques y demás elementos paisajisticos de la contornada.

Últimos ajustes, fotos a pie de salida, cajón de control,...todo se sucede muy rápido...hace bastante frio...preparados...el silencio...a correr¡¡ Salida rápida cuesta abajo, muchas carreras nerviosas para coger posiciones, los nuestros esperando en la primera rotonda, y pasamos junto al cementerio. Serán cab...¡¡¡

Comenzamos a trotar a ritmo cochinero. En todo momento estamos de acuerdo en que vamos a dosificar hasta el kilómetro 14, que es donde empieza la subida al Puig Campana. Tenemos que llegar fuertes hasta la base, sin cargar las piernas, de manera que se suceden los pasos entre conversaciones, caminatas, alguna subida destroyer y primer paso por las animadoras más entregadas.



Y con esta fiesta nos presentamos en la Font del Molí, inicio de una de las subidas más carismáticas de la Comunitat. El Puig Campana nos observa desde arriba, imponente, sabedor de su posición dominante y, sobre todo, juez y verdugo de este juicio que se inicia tras dejar, otra vez, a las sufridas animadoras plantadas y sin pareja. Miquel nos observaba con cara de incrédulo, supongo que pensando que dónde iba su papi y Mozos con lo bien que se estaba en el avituallamiento.

Iniciamos la subida a ritmo tranquilo. Mozos me indica que suba a mi ritmo, que no lo espere, de manera que, conocedor de cada palmo de la subida, inicio mi ascenso con un grupo de murcianos que, entre risas y conversaciones, van subiendo. Pero el tomarse esta subida a broma te sale caro, y antes de llegar al primer tercio de la subida estoy a la cabeza del grupo, tirando de ellos y separándome poco a poco. Mozos viene a la zaga, saludándome y con buena zancada. Sigo, saboreando cada paso, dejando en la cuneta a los primeros protagonistas del capítulo de The Walking Dead en que se convertirá este ascenso. Empiezan los primeros tirones a los compañeros, gemelos que no responden, gluteos que se clavan...mas tarde comentaremos Jose y yo lo agradecidos que tenemos que estar al poder entrenar en zonas como el Pico, el Cantal y tantas y tantas subidas de nuestra villa patria.

Sube que te sube, se va haciendo tapón cual San Antón chelvano pues el personal comienza a sufrir la sentencia que impone la rampa. No hay sitio donde apartarse, no hay lugar donde recuperar, de manera que tenemos que sufrir el ritmo de los de delante, lo que, a la larga, nos hará bien en los kilómetros finales. Llegando al geodésico busco a Jose en el grupo que nos viene pisando los talones y, con una sonrisa, me indica que está cómodo. Ya en la cima me comenta que esperaba más dureza tras mis conversaciones días antes. Eso es bueno, significa que hemos pasado la parte más dura de la carrera con las fuerzas intactas, la moral alta...y los deberes hechos.

Iniciamos la bajada a paso corredor. No llegamos a trotar ya que la bajada es muy técnica, con mucha piedra, mucho escalón y gran cantidad de gravilla. Sendero bien delimitado, con abundante vegetación a ambos lados, y llegada al avituallamiento del Pouet. Tras un buena parada, gran cantidad de alimentación y bebida y algún que otro gas de efecto invernadero, pasamos a una zona de transición en la carrera. Se suceden los kilómetros en un continuo sube y baja, con senderos en ocasiones muy exigentes y en ocasiones de gran disfrute. Y volvemos a encontrar en la bifurcación de las carreras de 40K, 80K y 120K a las eternas, y nosotros seguimos haciendo el mono:



Y tras rodar unos cuantos kilómetros por asfalto, llegamos al último avituallamiento, donde, otra vez, están las seguidoras de este pequeño grupo:




Llegamos bien de fuerza, con buenas sensaciones, sin dolores...pero con total desconocimiento de lo que nos espera por delante. Ya nos habían comentado que casi al final de la prueba hay una pared, un sendero que sube hacia Orxeta donde te pasa factura cualquier esfuerzo que hayas hecho antes. Nada más lejos de la realidad...menuda subida, compañeros¡¡ Imaginaos que os meten una subida como el Cantal, donde hay que salvar 400m de desnivel, con 32 kilómetros en las piernas, y un sol en el cogote que no te abandona "ni p'atrás". Pues eso, que ahí que nos capuzamos los dos, sube que te sube, pero con un as en la manga. Habíamos dosificado perfectamente, habíamos administrado las fuerzas como nunca, estábamos hidratados e íbamos con ganas. Ascendemos charrando de todo un poco, dejando atrás a compañeros que lo están pasando mal de verdad, admirando la cantidad de montaña que hay en este término...hasta arriba.

Pero esto no nos lo habían contado. Nadie habla de la bajada hacia Finestrat, no está escrito en ninguna guía de senderismo, es casi un tabú susurrar la existencia de ese camino. Marchadores, hasta que no descendáis por esa bajada no se puede decir que hayáis sufrido en una carrera. Nadie, absolutamente nadie de los que nos encontramos abajo dijo algo bonito de ese descenso. Pasas de estar en la cima con todos los músculos en perfectas condiciones a llegar abajo pidiendo la hora. Descenso propio de una prueba de esquí, continuos patinazos, patadas a todas las piedras habidas y por haber, rectas interminables donde solamente puedes frenar con los dientes como te aceleres...las rodillas echando humo, los glúteos en los hombros, los abdominales para cortar jamón sobre ellos, los dorsales ni están ni se le esperan...

De aquí a meta, un suplicio. Nos quedaban poco más de dos kilómetros, los cuales empleamos para echar pestes de la bajada con el resto de compañeros. Tratamos de trotar un poco pero la bajada había sido demasiado. Nos lo tomamos con calma, y avanzamos hacia meta andando deprisa.

La llegada...






La barbaridad que hemos hecho la dejo en: 20151128 DESAFIO LURBEL AITANA

¿Cómo hemos quedado?...Pues así:


Lo de menos ha sido la clasificación. Esta nueva aventura ha supuesto un nuevo reto superado, un desafío que empezaba hace muchos meses atrás cuando engañé a Mozos y lo embarqué en esta odisea, propia del mismo Hércules. Han sido muchas horas de entrenamiento, gimnasio, esfuerzo...quitando tiempo a oras cosas más importantes, pero sabiendo que ellos lo entienden y saben lo que supone para mi estos retos. Muchos madrugones, horas de soledad acumulando desnivel, dejando a los amigos del club a un lado para buscar mi propio "absolutismo", superando el fracaso de Javalambre y acumulando paciencia en Chelva para reservar. Este reto tenía muchas ilusiones puestas y se han cumplido todas y cada una de ellas. He terminado en condiciones, cumpliendo los planes establecidos, saboreando cada paso y cada ánimo de las seguidoras, y con buenas sensaciones para el próximo año.

Pero, sobre todo, agradecer a mi gran amigo Mozos por acompañarme en esta nueva aventura, una más de nuestro común palmarés. Aporta en todo momento la cabeza fría que yo pierdo en alguna subida, y siempre tiene un tema de conversación para sacar la mente de los malos momentos. El próximo año, si todo sale como esperamos, tenemos una trilogía, una gran temporada.

En fin, Marchadores, se acabó la temporada. Nuevos retos nos esperan el próximo año. Y, a los demás, ¿os lo vais a perder?.

Saludos,

miércoles, 18 de noviembre de 2015

No son humanos...son Marchadores de Chelva ¡¡¡

Marchadores,

Sin palabras. Lo del fin de semana pasada no puede expresarse con ningún adjetivo de nuestro idioma. Nuestros compañeros, sí, los mismos que salen a correr con nosotros cada domingo por las sendas y las pistas de nuestra villa chica, volvieron a escribir con letras de oro una participación en la Maratón de Valencia, en su edición de 2015. Atrás dejaban horas de entrenamientos, series y esfuerzos varios para examinarse en la dura prueba de la distancia reina, esa que discurre por los más variados rincones del Cap i Casal.

Comenzaba el via crucis el viernes, con la recogida de dorsales por quien pica las teclas, en lo que ya considero una ceremonia anual, una tradición y, visto lo visto, un honor. Tras la llegada al pueblo, se llevó a cabo el acto de entrega por parte de Miquel, que fue felicitando a los miembros de la expedición uno a uno. Así posaban de contentos:


Os aseguro que no tenían las mismas caras en la llegada, pero eso es otra historia.

En fin, que tras la entrega, degustamos una gran cena de germanor, donde no faltó en todo momento la comida y los líquidos hidratantes más variados. Y, como no, los viejos cocineros, en otro tiempo grandes rivales de paella, se hicieron eco del momento y compartieron los fogones:




Y, tras la cena, a dormir, que el descanso es parte del entrenamiento, como dice mi amigo Julián.

El domingo, como viene siendo costumbre edición tras edición, la concentración se realizó en el punto habitual. Poco a poco iban apareciendo los protagonistas de la fiesta, algunos con cara de frío, otros con cara de haber visto un fantasma, y alguno que otro con dos caras. Últimas fotos, de las que no tengo copia, y camino de los cajones de salida.

Los avitualladores, esos eternos sufridores que siguen a estos locos por los confines de la geografía, se situaron en la salida para ver el momento de estallido, y luego se ubicaron en los kilómetros 10, 19 y 30. Por mi parte, bicicleta en mano, me moví por todo el recorrido de la prueba. Los ví pasar por la zona del puerto, luego me dirigí al 19 para ver como andaban en la media maratón y acampé en el kilómetro 34 con la idea de ver pasar a todos y volver hacia meta con los que arribaran últimos.

Pasó Juanjo con una sonrisa de oreja a oreja. Pasó Calo con cara seria, aunque echó una risa cuando me escuchó animarlo como un loco. No vi pasar a Manolo, lo cual me fastidió bastante porque tenía ganas de animarlo. Pasó Ezequiel, aunque fue él quien me animó a mi. Y llegaron los protagonistas de los últimos kilómetros. Marie Claire y Vicent, junto con un compañero de carrera que no recuerdo su nombre, iban a ritmo constante, dosificando  y disfrutando del momento.

Los seguí con la bici hasta el kilómetro 41, hablando y bromeando con ellos. Sí, si...como escucháis, iban hablando entre ellos y conmigo, ajenos a cualquier sufrimiento interno, disfrutando de cada paso y de cada adelantamiento, porque si algo hacían era adelantar a corredores sin parar. Habían hecho bien los deberes y estaban recibiendo la recompensa.

Y con ellos fui hasta el kilómetro 41, como decía, animándolos y gritándoles a más no poder. Llegaban al pasillo de entrada, esos metros donde ya no te duele nada, donde la gente te lleva hacia la meta, donde tienes que disfrutar del momento sin pensar en otra cosa.

Y ya estaban todos en meta. Las clasificaciones quedaron así:


Buenos tiempos y mejores resultados. No hay lugar a duda.

Y, bueno, por mi parte, salida el sábado por la mañana, tempranito, tempranito. Buscaba una ruta que me permitiera ir hasta Ahillas desde Chelva pasando por el Pico, pero sin pisar asfalto en la medida de lo posible. Eso sí, llevaba la ruta más o meno preparada, pero el gusanillo de pasar por sitios nuevos e inexplorados por mi parte me acompañó durante todo el camino. Al final encontré el sendero de ida y de vuelta, aunque éste último necesita de una buena limpieza en su parte inicial. Os dejo la ruta en: Camino del Pico a Chelva y vuelta sin asfalto

Y si de algo vale madrugar, es por ver estas vistas desde el Pico:





Este año toca a su fin para algunos Marchadores. A otros nos queda el Desafío Lurbel para obtener el merecido descanso. Y volveremos a emprender el camino para el siguiente año. Será un año plagado de grandes citas y de grandes aventuras, de retos titánicos y de retornos a plazas ya toreadas...¿TE LO VAS A PERDER?.

lunes, 9 de noviembre de 2015

EL DÍA DE LA MARMOTA...OTRO AÑO...OTRA MARATÓN

Marchadores,

Parece que no aprendéis de un año para otro. Cada año, al acabar la maratón de Valencia se escucha la misma cantinela: al próximo año no vuelvo¡¡...esto es demasiado¡¡...buuuufff, me duelen los gemelos¡¡...tengo que entrenar más¡¡...Y, sin embargo, aquí estamos, un año más, dispuestos a dar batalla en la distancia reina.

Y como todos los años, el grupo de sufridores que os sigue a todas estas locuras volverá a estar "a la vora del camí", animando, gritando, empujando en cada rincón del Cap i Casal. No habrá esquina, calle o rotonda en la que no se escuche la palabra Marchadores.

Hemos quedado a las 08:00 en el punto de siempre. Para los nuevos miembros, es la rotonda del Centro Comercial El Saler, junto al ValenBici. Se nos distinguirá por el escándalo que estará montando Miquel:


Para los avituallamientos, en el kilómetro 10 estarán Tere y Avi. Y en el kilómetro 19 estarán Tere, Andrea y Julián. Como están bastante juntos, puede que no sean esos grupos, pero alguien estará seguro:


En el kilómetro 30 estarán Eduardo y Jose María, nuestro ULTRA:


Y el que pica las teclas se moverá a lo largo de la última veintena de kilómetros con la bici, a través de las sombras, para seguir a los compañeros. Seré vuestro azote en cada esquina, en cada vuelta. Iré provisto en la mochila de las sustancias más dopantes que os podáis imaginar, por si alguno le entra el tembleque y comienza a ver la meta más lejos de la Patacona.

Recordad que a las 08:00h deberéis entregar a los avitualladores, correctamente marcado, aquello que queréis que os entreguen en los diferentes kilómetros. Yo llevaré en la mochila agua, aquarius, reflex, sales y glucosas, además de gominolas para los golosos. La bici no os la podré dejar, más que nada porque me tendría que volver a casa andando. Y noooooo mola¡¡¡

Los dorsales los recogeré en viernes por la tarde, haciendo entrega de los mismos a mi llegada a la villa patria. Como todos los años, recordad que la banda de música se tiene que poner a la derecha de la calle, para que la gente con las pancartas no los molesten. Este año no quiero fuegos artificiales, que ya sabemos la plorera que coge alguno con la emotividad del momento.

Y, como no todo es correr maratones, el domingo hicimos la última salida "seria" antes de locura. Un nutrido grupo de madrugadores trotamos por los vellos páramos de nuestro amado término. Aunque no correré en la prueba, me dejé envolver por el hilo de nerviosismo que comienza a verse en las miradas, y saboreé una gran salida. Además, hacía tiempo que no corría con mi amigo Julian, ciudadano del mundo, corredor versado en mil y una ciencias, redactor de la vida y, como siempre, conversador incansable con quien disfruto en cada paso que damos.

Y como todo no es correr, tras el esfuerzo, afilamos el hueso de la pata de marrano con que fuimos obsequiados en Alpuente, y lo regamos con el buen monje:


Bueno, xiquets, alimentaros bien, descansad mucho, no hagáis barbaridades y dejad las relaciones matrimoniales para después del domingo, no sea que a alguno se os vaya la fuerza por otro sitio. Y recordad, si habéis llegado hasta aquí, ya no hay sitio para el fracaso. Todo lo que venga a partir del pistoletazo de salida será un éxito.

Fin de la transmisión.

GALERIA.